dimecres, 30 de setembre de 2009

Hem llegit



Ángel García Marinas

OPORTUNIDAD PARA EL PEQUEÑO AGRICULTOR
(recensión del artículo publicado en el diario El País el 23 de agosto de 2009)

La iniciativa del G-8 de destinar 20.000 millones de dólares a las pequeñas explotaciones agrícolas, lanzada en la reciente reunión de ese grupo en L’Aquila (Italia), es un potencial hito histórico en la lucha contra el hambre y la pobreza extrema. Con una gestión seria de los nuevos fondos, la producción de alimentos en África se disparará...

Durante el periodo 2002-2006, yo dirigí el Proyecto del Milenio de Naciones Unidas, encaminado a lograr esos objetivos de desarrollo impulsado por el entonces secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan. Una de las piedras angulares del proyecto eran los “agricultores con pequeñas explotaciones”, es decir, familias de agricultores de África, América Latina y Asia: explotaciones agrícolas de una hectárea, aproximadamente, o menos.


Los pobres del mundo pasan hambre porque carecen de la capacidad para comprar semillas de gran rendimiento, fertilizantes, equipos de riego y otros instrumentos necesarios para aumentar la productividad. A consecuencia de ello, su producción es escasa e insuficiente para su propia subsistencia. Su pobreza causa poca productividad agrícola y ésta intensifica su pobreza. Es un círculo vicioso, técnicamente denominado la “trampa de la pobreza”.

El equipo de tareas del Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas sobre el hambre, dirigido por dos científicos de prominencia mundial (M. S. Swaminathan y Pedro Sánchez), examinó posibles formas de superar ese círculo vicioso. El equipo de tareas sobre el hambre concluyó que si se concedía ayuda a los agricultores con pequeñas explotaciones en forma de insumos agrícolas, África podría aumentar sustancialmente su producción de alimentos.

Las lecciones de la historia son claras. Brindar semillas y fertilizantes a agricultores con pequeñas explotaciones a precios en gran medida subvencionados – o incluso gratuitamente en algunos casos – constituiría una gran diferencia duradera. No sólo aumentarán las cosechas de alimentos a corto plazo, sino que, además, los hogares de agricultores utilizarán sus mayores ingresos y mejor salud para acumular toda clase de activos; saldos de efectivo, nutrientes para la tierra, animales de granja y salud y educación de sus hijos.

Si los Gobiernos donantes quieren de verdad obtener resultados, deben dejar de poner el dinero en manos de treinta o más burocracias distintas y juntarlo en uno o dos lugares, el más lógico de los cuales sería el Banco Mundial, en Washington, y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), en Roma. Uno o dos de esos organismos tendrían entonces una cuenta con varios miles de millones de dólares disponibles.
Después, los Gobiernos de regiones azotadas por el hambre, en particular de África, presentarían planes nacionales de acción que facilitarían los detalles sobre cómo utilizarían los fondos de los donantes para brindar semillas de alto rendimiento, fertilizantes, riego, herramientas agrícolas, silos de almacenamiento y asesoramiento local a los agricultores empobrecidos. Un grupo de expertos independientes examinaría los planes nacionales para comprobar su coherencia científica y de gestión. En el caso de que un plan fuera aprobado, se desembolsaría rápidamente el dinero para apoyarlo. Después, cada uno de los programas nacionales sería supervisado, auditado y evaluado.
Ese método es sencillo, eficiente y científicamente sólido. Dos recientes ejemplos de éxito en materia de ayuda han utilizado ese método: La Alianza Mundial para el Fomento de la Vacunación y la Inmunización, que consigue inmunizar con éxito a niños pequeños, y el Fondo Mundial de Lucha contra el sida, la malaria y la tuberculosis, que apoya planes nacionales de acción para luchar contra esas mortíferas enfermedades. Los dos han salvado millones de vidas durante el pasado decenio y han preparado el terreno para un método más eficiente y científicamente sólido de asistencia para el desarrollo.
No es de extrañar que muchos de los organismos de Naciones Unidas y de los organismos de ayuda de los países ricos se opongan a ese método.

Hay que saltarse las burocracias y llevar la ayuda adonde se la necesita: en la tierra labrada por las familias de agricultores más pobres del mundo.

Jeffrey D. Sachs es profesor de Economía y director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia

2 comentaris:

Felipe ha dit...

... éramos diez hermanos... y nuestro padre nos decía: No abandonéis la tierra, si la trabajáis y la tratáis bien, siempre os dará lo necesario para vivir en paz.
Y yo añado, la tierra, el huerto, es como una obra de arte, que una vez aprendes a controlar todos sus secretos, te dará satisfacciones, verás como germinan las semillas y todo su proceso y después recogerás los frutos...
El huerto bien cuidado es la mejor pantalla de televisión que podéis tener. No os dejéis engañar por las otras televisiones...
Os deseo mucha suerte y que disfrutéis de la tierra y de todo lo que la rodea, plantas, aves y mamíferos... Nosotros somos los dueños temporales, por eso la debemos cuidar.
Saludos,
Felipe Ortega
Desde Barcelona

escoltainvisible ha dit...

M'agrada molt la iniciativa aquesta però, com tot el que fa el G-8 i la gent rica en general, m'ho miro amb sospita.
Destinen 20000 milions a fons perdut? Ho dubto.
O potser es pretèn que aquest donatiu s'hagi d'anar retornant amb el corresponent interès generant molt més deute extern?

Potser és que algun païs ja estava acabant de pagar el seu deute extern i calia tornar-lo a endeutar per tornar-lo a collar...

Res, no són més que les reflexions d'un paranoic...